domingo, 23 de diciembre de 2007

Yo también tengo un sueño

A escaso un día para que la Noche Buena y posteriormente la Navidad haya logrado el propósito comercial de cada año, se presenta una oportunidad más para recapacitar y reflexionar acerca de nuestros actos con nuestros semejantes y todas aquellas faltas que la humanidad ha forjado con tanto esmero.

Guerras, pobreza, hambre, desigualdad social , entre otras cosas, es lo que se vive a la casi primera década del s. XXI. La historia de la humanidad pareciera que se repite y se arraiga más a los hechos del pasado. Los acontecimientos del presente son el mero reflejo de esa historia que nos marca y que la mayoría de las veces olvidamos.

Es tiempo de cambiar, tiempo de abrir los ojos y hacer memoria. Recordar todo lo que ha sufrido la humanidad para que así podamos evitar el futuro no muy grato que nos espera. ¿Lograremos en un par de años la igualdad de culto, de raza o de status social? Si hablamos de paz, ¿hablamos de una paz local o global? Martin Luther King en su obra I have a dream desea una igualdad de raza, que no se lograría muchos años después de su muerte, pero al final de cuentas se logró porque un día el lo soñó, lo formó en ideas, y lo plazmó en hechos. ¿Que persona de color hoy en día no ha agradecido a Luther King el sueño que creó y forjó con días eternos en la cárcel? El soñar, y posteriormente luchar por ese sueño anhelado, es la gran diferencia que marca entre el sueño mismo y el hecho. La fé mueve motañas. Estoy seguro de que almenos una vez en la vida cada habitante de este planeta ha tenido un sueño, un sueño que anhela, que estaría dispuesto ha dar la vida para verlo hecho ralidad. Ese anhelo es el que hace a uno poder motivarse y llenarse de energía para lograr esa meta. Si todos pudieramos pensar solo un momento en un mundo sin desigualdad, sin hambre, sin guerras, sin pobreza, ¿veríamos ese sueño hecho realidad?

¿Por qué juzgar por lo que viste, calza, tiene, el color de la piel o la posibilidad económica que tiene una persona y no por su carácter ya formado?

Soñar es darse permiso de crear una meta, una historia; para lograr ese sueño se necesita un ingredente muy valioso, el esfuerzo; con el esfuerzo se logrará concluir ese sueño, y dependiendo de la cantidad y calidad de esfuerzo que se emplee para lograr el sueño tan anhelado, será el tamaño de la satisfacción. Si comparamos esa satisfacción con respecto a lo que se anhelaba, podremos saber si hemos cumplido con nuestro deber, si hemos logrado nuestro sueño.
Ghandi soño libertad para su pueblo, años después la India obtiene su libertad. Edison soñó con una foco, y después de algunos cientos de intentos, agradecemos la luz artificial. Hitler soñó con una raza pura, el problema fue que no llevó correctamente a cabo su sueño. Nadie nos evita soñar, depende de nosotros a dónde queremos llevar nuestros sueños.

Soñar no cuesta, lo que cuesta es el esfuerzo que hagamos para lograrlo.

" Todavía, tengo un sueño. (...)Tengo un sueño
de que, un día, esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo. Sostenemos como verdades evidentes que todos
los hombres nacen iguales. (...)Tengo un sueño de que mis cuatro hijitos un día vivirán en una nación donde no se les juzgará por el color de su piel,
sino por su carácter....Esta es nuestra esperanza. (...)
Con esta fé podremos, de una montaña de desesperación,
labrar una piedra de esperanza.Con ésta fé,
podremos transformar el cencerreo discordante de nuestra nación
en una hermosa sinfonía de hermandad.Con ésta fé,
podremos trabajar juntos, orar juntos, luchar juntos,
ir juntos a prisión, escalar en lo alto en busca de nuestra libertad,
sabiendo que un día seremos libres."


Discurso pronunciado durante la Marcha a Washignton en Defensa de los Derechos Civiles.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Que increíble manera de pensar. Me gustaría conocerte Milo amiguero y buen chico.

Alejandra